Fue aquel gobernador que en los ochenta se venía con todo para Buenos Aires. Y vino. Fue Presidente de la República durante diez años, reforma constitucional mediante; modificó la estructura del estado de acuerdo a los nuevos tiempos que corrían; privatizó las empresas públicas siguiendo los preceptos liberales según los cuales el Estado no debe hacerse cargo de los servicios sino controlar su prestación; desarticuló el poder de las fuerzas armadas; anuló la inflación; respetó la libertad de prensa…

Con el apoyo de la histórica oposición (la UCR) logró afianzar su cargo por cuatro años más de lo que le correspondían de haberse hecho una no forzada interpretación de la letra constitucional; achicó el estado al punto de volverlo un negocio de amigos; vendió las empresas públicas siendo la cabeza de uno de los gobiernos más corruptos de la historia, cuyos funcionarios se quedaron con miles de millones de dólares producto de esas ventas; indultó a los militares condenados a prisión por terrorismo de estado, desaparición forzada de personas y otras violaciones a los Derechos Humanos; vació las arcas públicas y endeudó al país como nunca, frente a organismos de crédito tales como el FMI, que especularon con la suerte de los países tercermundistas en aras del poder económico globalizado y la economía se vino a pique, cerraron miles de fábricas, millones de argentinos no consiguieron más trabajo, el hambre y la miseria se hizo carne entre nosotros, mientras una clase media individualista y venida a menos, agradeció los beneficios de la convertibilidad obviando la pérdida de futuro de millones de personas (muchas de las cuales aún no han nacido); su poder fue tan sólido que no necesitó hacer pactos con la prensa ni perseguir a sus detractores…

Hasta aquí un breve resumen de su gobierno. Por supuesto se me escapan mil cosas, pero creo que esto alcanza para recordar los ´90.

Hoy, Carlos Saúl Me#%m, un poco más viejo, un poco más canoso, aunque con la entereza intelectual de todo lector cuyo libro de cabecera son las obras completas de Sócrates y el vigor y liderazgo dignos del sucesor universal de Ramsés II, vuelve a la carga con otro de sus planes maquiavélicos. Pero este es aún más osado. Jamás visto, a quién podía ocurrírsele sino a él? Casado en segundas nupcias con una rubia farandulera del hermano país de Chile, apela al efecto reality causado en estos meses por nuestra TV para imponerse de cara a octubre con un arma que parece causar sensación: sus cuernos, que tal vez le aseguren un 10 o un 15% para seguir estando siempre ahí, para no morir olvidado, para seguir creyéndose un héroe inmortal.

El voto lástima. Grande Bolocco, eso es una esposa.